PISTAS Y BARRO

El discurrir de la marcha se hace ameno cuando en el recorrido nos encontramos paisajes inolvidables. Caminos infinitos con trazados preciosos en donde el tiempo se detiene y el avance sobre ellos se convierte en la mejor de las carreras.

jueves, 3 de octubre de 2013

Marx, que había escrito que los trabajadores no tienen patria, se extrañaría de ver como en España la izquierda contribuía a crear varias

Panorámica de la silueta de Sierra Elvira desde el Tajo del Sol (Sierra de Madrid)
“En aquella hora la palabra España, tantas veces destartalada en la boca del Caudillo, era una vieja melodía que los españoles recordaban con tristeza y los intelectuales de izquierda solo pronunciaban entre dientes, con gestos y miradas de arrepentimiento. Cuarenta años de rodillo centralizador acabaron asociando en la mentalidad colectiva regionalismo y libertad por un lado y unidad nacional y represión por otro, de tal forma que en aquellos tiempos de tránsito, la nación española quedó aparcada en beneficio de la provincia o región. La intelectualidad progresista y la izquierda acomplejada contribuyeron más que nadie a esta disolución de España, reducida a una mesa de construcción jurídico-política sin sociedad ni cultura. Hasta tal punto las cegó Franco que todavía hoy muestran un infantil y patológico rechazo a hacer una simple profesión de fe nacional en esa realidad histórica abrumadora que es España. El discurso de la izquierda desvió en una tácita aceptación de la palabrería del españolismo del 18 de Julio mientras se tragaba, se traga, el sapo de los otros nacionalismos sin considerar sus rasgos excluyentes ni su imaginario sentimental. Marx, que había escrito que los trabajadores no tienen patria, se extrañaría de ver como en España la izquierda contribuía a crear varias”.

La intelectualidad progresista y la izquierda acomplejada contribuyeron más que nadie a esta disolución de España, reducida a una mesa de construcción jurídico-política sin sociedad ni cultura

Extraído del libro: “Historia de España” 
escrito por Fernando García de Cortázar

No hay comentarios:

Publicar un comentario